STILL ILL, The Smiths

Por Antonio Agredano

Todos los amores son el mismo amor. Perpetuados, teatralizados y ridículos. Todos los amantes son el mismo amante, urgente y torpe. Caprichoso y leve. Pero sólo hay un puente de hierro. Bajo el que nos besamos. Y nuestros besos ya no son nuestros besos, son otra cosa, más frágil y oxidada. Tiembla el metal sobre nuestras cabezas. Hay un La menor en cada pareja. Es el acorde de la tragedia. Las verdaderas desgracias suceden sin apenas darnos cuenta. Como el desamor, que no se anuncia con serpentinas, sino con silencios cada vez más largos. Y luego un frigorífico que se cierra. Y una pasta de dientes que se acaba. Y un roce en la pared. O una lámpara que de repente no funciona. El hogar es una jaula, pese a las canciones.

Me he comprometido a escribir sobre canciones. Hacía tiempo que no pensaba en lo profundo que se clava el vinilo en el corazón. Puntas de flecha negras y brillantes. Siempre envenenadas. No soy un nostálgico. Fui feliz en cintas, en cds y ahora arrastro una vida en el móvil. Si tengo tiempo, pongo la aguja. Si no lo tengo, si voy con prisa a cualquier parte, busco cosas al azar en Spotify. Los auriculares son alas pendidas de mis hombros. Me acompañan los Smiths desde hace demasiado. Soy vulgar en la desdicha. Nunca he pisado Manchester. Imagino sus paisajes, las fábricas doradas, el ladrillo, y luego esos cielos de invierno, arañados por el sol, como la mejilla infantil acariciada por la mano huesuda de una bruja.

¿Sigo enfermo? Pregunta. Y luego escupe. Sobre lo que fue, sobre lo que fuimos, un berrinche; porque el tiempo pasa y nos frena. Porque la edad nos detiene, nos adormila, espanta el músculo, los días dóciles, los abrazos de compromiso, el sexo con esa urgencia otoñal. Calvos con una rosa en la mano. Gordas escotadas en la puerta del restaurante. Somos eso ya, lo que queda cuando el frenesí cae sobre el suelo como confeti. Papel inútil, pisoteado por la cotidianidad. Un refugio para el progreso.

Yo he querido ser los restos de la fiesta muchas veces. He querido ser los borrachos que vuelven a casa mecidos por la luz de los escaparates. He querido ser el olor a tabaco. Las suelas pegajosas. He querido ser medio gramo en el bolsillo del vaquero. He querido ser un beso que supo a poco. He querido ser la mañana descubriéndonos en el salón, la cerveza templada, la mirada crujiendo como el cristal. He querido ser el que barre y el que corre. El yorkshire indiferente al estropicio. El periódico apilado. La cajera del DIA. La tostada y el café y el aceite quemado y el claxon de los taxis y las canciones que madrugan en la radio.

¿Es el cuerpo quien rige a la mente o es la mente la que rige al cuerpo? Morrissey no lo sabe. Yo tengo práctica en lo primero. Casi nada en lo segundo. Dios de las tetas pequeñas, hazme digno de tu calor y de tu luz. Ponme en el camino de la verdad. Del acorde siniestro tocado en las costillas de mi amante. Cuerdas de tuétano y un amor blindado. Me da miedo envejecer. No quiero sentir el peso de la carga como una excavadora que vacila. Quiero besar bajo el puente de hierro con la misma inquietud que la primera vez. El labio es incertidumbre. No hay futuro ni pasado en ese laberinto. Hay en la boca una puerta al vacío.

Suena Still Ill. Sin armónica. No soy un hombre hecho a sí mismo, a mí me hicieron así las canciones. 2010. El año de la estalactita. Carmen y yo vivíamos en un piso frío. No era nuestra intención, pero las uñas del invierno se deslizaban por los cierres metálicos. El edredón era de escarcha. Fuimos felices un instante. Luego todas las canciones hablaban de nuestro adiós. Me regaló una chapa con la portada del primer disco de los Smiths. Ese púrpura aún duerme en algún cajón. En el álbum, tras Still Ill, sonaba Hand in Glove. En mi cabeza era al revés. Una hablaba del amor, la otra de su lógica fractura. Ahora tengo una familia. Ahora me escondo en otras canciones. Still Ill aparece a veces y me lleva al sitio del que huí. Bajo el puente de hierro. Sin más nación que el deseo, sin más terror que un espejo mostrándome donde estuvimos. Donde jamás volveremos a estar. En los viejos días. En la prisión de los viejos días, donde, despreocupados, paseábamos de la mano.

The Smiths Antonio Agredano
The Smiths Antonio Agredano
Still Ill, The Smiths

Deja un comentario

error: Este contenido está protegido !!